El desafío de Van Rompuy y Ashton

Herman Van Rompuy y Catherine Ashton

Muchos creen que el belga Herman Van Rompuy y la británica Catherine Ashton carecen del peso necesario para incidir en el tablero mundial.

El belga Herman Van Rompuy y la británica Catherine Ashton enfrentan desde este jueves el desafío de convertirse en la cara y voz de Europa en el mundo, cuando ni siquiera los conocen en su propio continente.

Las designaciones de Van Rompuy como primer presidente estable de la Unión Europea (UE) y de Ashton como jefa de la política exterior continental han reforzado las dudas sobre el papel que tendrán los dos cargos creados por el Tratado de Lisboa.

"Realmente son personas poco conocidas, casi diría en sus propios países", comentó Ignacio Molina, principal investigador para Europa del Real Instituto Elcano de Madrid.

Molina dijo a BBC Mundo que "depende muchísimo de su personalidad la importancia que van a tener los cargos" que Van Rompuy y Ashton se aprestan a asumir.

Perfil discreto

El objetivo del Tratado de Lisboa fue mejorar el funcionamiento de la UE y darle una voz más clara al continente en el escenario mundial.

Algunos querían que el nuevo presidente europeo fuera un peso pesado de la política, "capaz de detener el tráfico" de las grandes ciudades del mundo, quizás como el ex primer ministro británico Tony Blair.

Pero Van Rompuy parece lejos de cumplir esas aspiraciones.

Realmente son personas poco conocidas, casi diría en sus propios países.

Ignacio Molina, principal investigador para Europa del Real Instituto Elcano de Madrid.

Este economista de 62 años y aficionado a los breves poemas japoneses haiku, asumió hace pocos meses como primer ministro belga, así como Ashton, de 53 años, ejerce desde hace poco como comisaria europea de Comercio.

Muchos creen que fue precisamente el perfil discreto de ambos y su fama de constructores de consenso lo que les permitió ser electos por los líderes europeos reunidos este jueves en Bruselas.

"Esto significa que los líderes europeos todavía no están dispuestos a ceder poder a los cargos supranacionales de la UE", opinó Fabio Liberti, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de París, consultado por BBC Mundo.

"Unidad" y "diversidad"

Para asegurar la designación de Van Rompuy fue clave el apoyo de Francia y Alemania, y su reciente éxito en contener la crisis política que amenazaba con fracturar a una Bélgica dividida lingüísticamente.

Con un mandato de dos años y medio (renovable una vez), ahora deberá representar a la UE en encuentros internacionales y encabezar las cumbres continentales de jefes de Estado y de gobierno.

Es posible que esa función de mediador continental le consuma buena parte del tiempo.

En su primera conferencia de prensa tras ser designado, Van Rompuy buscó calmar a quienes ven los nuevos cargos del Tratado de Lisboa como una amenaza a la soberanía de los 27 Estados miembros de la UE.

"Incluso cuando la unidad sigue siendo nuestro desafío, nuestra diversidad es nuestra riqueza", aseguró.

Espacio para sorpresas

Mientras tanto, la jefa de la diplomacia europea tendrá un poder que algunos consideran mayor que el del presidente.

Esto significa que los líderes europeos todavía no están dispuestos a ceder poder a los cargos supranacionales de la UE.

Fabio Liberti, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de París.

Ashton deberá conducir un nuevo equipo diplomático de unas 5.000 personas, ejercerá también la vicepresidencia de la Comisión Europea y controlará un presupuesto de miles de millones de euros.

"Por primera vez la Unión va a poder hacer una política exterior que merece ese nombre", comentó Molina.

A su juicio, el gran reto de Van Rompuy y de Ashton será lograr que la UE deje atrás las discusiones institucionales que la han distraído en los últimos tiempos y juegue con más protagonismo en el tablero global.

El desafío es más complejo con la emergencia de países como China o Brasil.

Muchos creen que Van Rompuy y Ashton carecen del peso necesario para incidir en las grandes ligas, pero otros recuerdan que la UE se construyó hasta ahora sin grandes liderazgos carismáticos.

Incluso hay quienes conceden el beneficio de la duda al nuevo tándem europeo.

"El Tratado de Lisboa es como una caja mágica y no sabemos qué podemos sacar de él: mucho va a depender de su aplicación", dijo Liberti. "La política siempre puede sorprendernos".

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