Él es nuestra bandera


Diciendo: "Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová estará en guerra con Amalec de generación en generación. Exodo 17:16.

Amalec, el cruel enemigo de Israel, fue derrotado en esa famosa batalla en que Aarón y Hur tomaron los brazos de Moisés y lo sostuvieron mientras Josué derrotaba a las huestes enemigas.

Ahora la batalla había terminado, y Moisés "edificó un altar, al que puso por nombre Jehová-nisi" (vers. 15), que quiere decir "Jehová es mi bandera". Felices los hombres que, terminada la batalla, se acuerdan de dar gloria a Dios y no al simple barro humano. Mira la bandera. La bandera es Cristo. ¿Podemos tener la seguridad de que él flamea en nuestra vida y en la vida de la iglesia?

Una bandera agitada en lo alto es símbolo de victoria. Cuando un ejército conquista el territorio enemigo, lo primero que hace es izar su bandera. ¿Estamos permitiendo que el Cristo victorioso brille en el territorio de nuestro corazón?

Amalec no murió, pues es un símbolo de las luchas del cristiano. ¿No son los hijos de Dios atacados por él de día y de noche?

Es un enemigo astuto, y cuando quiere derrotar una vida, estudia, analiza y prepara una tentación personalizada que la inocente víctima no consigue vencer. Pero, por favor, mira hacia la bandera. Ella flamea victoriosa. Los valientes pueden caer, los inteligentes pueden fracasar, los fuertes pueden resbalar, pero los que se toman de Jesús, con toda seguridad, serán victoriosos. Él ya dirigió muchas batallas y nunca perdió ninguna. En la montaña puede haber sangre, pero el sepulcro continúa vacío. Él es victorioso.

Mira los colores de nuestra bandera nacional. Cuán hermosos son. Pero ellos, en todo su esplendor, no son capaces de alcanzar la belleza del rojo de la bandera de Cristo. Son multitudes las que la siguen. Jacob, antes de morir, contempló una enorme multitud y exclamó: "A él se congregarán los pueblos" (Génesis 49:10). Isaías exclama: "¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes y como palomas a sus ventanas'" (Isaías 60:8). Y Jesús mismo dice: "Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (S. Juan 12:32). Siempre fue así y siempre lo será. Hay un imán irresistible en la cruz levantada. Nadie discute, nadie se resiste, todos caen delante del Cordero de rodillas. Las multitudes llenan los estadios buscándolo. Jesús es nuestra bandera, Jehová-nisi va delante de su pueblo.

Al salir esta mañana a la calle, ¿puedes tener la seguridad de que él brillará en tu vida a lo largo del día?

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Juan 6: 68-69

Juan 6: 68-69