HABLA CON DULZURA.



El sabio de corazón es llamado prudente, y la dulzura de labios aumenta el saber Prov. 16:21.

¡Palabras! ¡Palabras! ¡Palabras! “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”,* dijo Jesús un día, dirigiéndose a un grupo de religiosos que usaban el instrumento llamado “palabra” para destruir vidas. Hoy viene Salomón y dice: “la dulzura de labios aumenta el saber”.

Los fariseos a quienes Jesús se dirigía aquel día, tal vez no estaban airados al hablar, pero ciertamente estaban completamente equivocados en la manera de decir las cosas. Y si es verdad que “de la abundancia del corazón habla la boca”, entonces el problema de los fariseos no estaba en la boca, sino en el corazón.

El otro día fui al médico. Me preguntó qué sentía. Le dije que me estaba sintiendo cansado físicamente. El médico me hizo sentar y dijo: “Abra la boca y muéstreme la lengua”. Dentro de mí pensé: “Qué tiene que ver el cansancio físico que estoy sintiendo con mi lengua?”

En la vida espiritual, también es así. La lengua, el modo como usamos la palabra, revela lo que hay en el corazón. Si tú no tienes una experiencia viva con Dios y él no puso en orden tu mundo interior, ¿cómo pueden tus palabras ser dulces y edificantes?

En el versículo de hoy, el autor comienza diciendo: “El sabio de corazón...” y después menciona la dulzura de la palabra. Se confirma así la relación directa entre el corazón y las cosas que decimos y cómo las decimos.

Hubo un hombre en el primer siglo, que usaba sus palabras y actitudes para atacar y perseguir a los cristianos. Un día, en camino hacia Damasco, se encontró con Jesús y a partir de ese instante su boca se transformó en un instrumento para anunciar las buenas nuevas de salvación. Su nombre era Saulo de Tarso. Transformando, pasó a llamarse Pablo.

Todos podemos encontrarnos diariamente con Jesús, y ser sabios. El corazón del hombre sabio es un manantial de bendiciones. Sus palabras son agua fresca para aliviar el cansancio de la gente que sufre por causa de las presiones de este mundo injusto.

¿Te gustaría ser un manantial de bendiciones? ¿Podrías proponerte en tu corazón usar tus palabras, consciente y decididamente, para curar heridas, aliviar dolores y restaurar a los tristes? Acuérdate que: “El sabio de corazón es llamado prudente, y la dulzura de labios aumenta el saber”.
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* Mat. 12:37

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