Yo te seguiré oh Cristo


Y le dijeron sus hermanos: “Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus disdpulos vean las obras quehaces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo Juan 7:3,4.

Las razones de seguir a Cristo varían de persona en persona. Muchos vienen por los panes y los peces; otros, por pura gratitud, le dicen “muéstrame dónde moras': con la intención de estar siempre con él. Otros siguen a Cristo por el amor mostrado por el Salvador. Y muchos porque creen firmemente en él como Redentor.

Los hermanos de Jesús tenían sus propias razones para seguirle. No era precisamente porque creyesen en él, sino porque, como los discípulos, también tenían sueños de grandeza temporal. Esperando lograr así lo que no habían obtenido hasta entonces, lo desafiaron para que se revelase al mundo.

“Yo te seguiré, ¡oh Cristo!” es un himno conocido que entonamos sobre todo en momentos de bautismos o de un llamado al altar, pero es muy apropiado considerar las palabras de este canto cada día. La pregunta que se debe hacer es: “Y yo, ¿por qué sigo a Cristo? ¿Qué espero yo sacar de esa relación? ¿Lo estoy siguiendo por los panes y los peces o lo hago porque es mi Salvador?”
Están también los que no creen en él ni desean dar un solo paso para ser usados por el Señor para la testificación al mundo. El amor por las ganancias terrenales hace que los hijos de Dios controlados por la avaricia se nieguen a testificar y prefieran que el mismo Cristo vaya o que mande a otro.

“El tentador ofrece siempre ganancia y honores mundanos para apartar a los hombres del servicio de Dios. Les dice que sus escrúpulos excesivos les impiden alcanzar prosperidad. Así muchos se dejan desviar de la senda de una estricta integridad. Después de cometer una mala acción les resulta más fácil cometer otra, y se vuelven cada vez más presuntuosos. Una vez que se hayan entregado al dominio de la codicia y a la ambición de poder se atreverán a hacer las cosas más terribles. Muchos se lisonjean creyendo que por un tiempo pueden apartarse de la probidad estricta... y que, después de haber logrado su fin, podrán cambiar de conducta cuando quieran. Los tales se enredan en los lazos de Satanás, de los que rara vez escapan”

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Juan 6: 68-69

Juan 6: 68-69