La infidelidad en las redes sociales

¿Por qué Facebook podría afectar la vida de una pareja? Parte 1


 

 Es infiel aquel quien es desleal a su cónyuge. La infidelidad no se limita al acto de adulterio o a la fornicación… es infiel aquel que violenta el pacto de exclusividad, lealtad, honestidad y amor que hizo con su pareja el día que ambos se comprometieron poniendo a Dios como testigo. La Biblia nos dice en Mateo 5:27-28 “Ustedes han oído que fue dicho: “No cometerás adulterio”. 28 Pero yo les digo que cualquiera que mira con deseos a una mujer, ya adulteró con ella en su corazón”.



Todo soñamos alguna vez con ser bomberos, deportistas o policías. ¿Acaso nunca pensamos en ser una estrella de rock o unirnos a la NASA para visitar el espacio? Para los niños todo es posible. No hay límites. Pero poco a poco, a medida que crecemos, nos damos cuenta que no podemos ser los protagonistas de todas nuestras fantasías. Cantamos bien pero no tanto. Nos faltan “dedos” para el piano o simplemente no nacimos en un país de astronautas. Así, a medida que crecemos, “cerramos puertas”. Y eso es bueno. El darse cuenta de lo que NO queremos ser para focalizarnos en nuestras habilidades es un proceso que se llama madurar. A muchos les toma 18 años. A otros les cuesta más y algunos se pasan toda la vida “decidiendo” qué hacer. El problema es que los mejores profesionales son los que logran especializarse antes.
Con nuestras parejas es más o menos lo mismo. Deberíamos vivir un proceso similar. Cuando somos solteros “el cielo” es el límite. ¿Por qué no? La elección depende de nuestros intereses. Mal que mal, en una sociedad democrática nadie nos obliga a escoger la persona con la que queremos compartir el resto de nuestras vidas. Nosotros decidimos. Pero una vez que escogemos, y sobre todo al comienzo cuando creemos que va a funcionar, también deberíamos “cerrar puertas”. El decidir implica responsabilidad.
El judaísmo es muy claro en este aspecto. Así, cuando decidimos casarnos, la tradición nos indica que el hombre debe unirse a su esposa con la formula “tú eres consagrada para mí”. La palabra escogida para ello no es casual. Es arei at mekudeshet li. kedusháimplica separación, es decir, que se pone un límite con respecto al resto. En el libro Shir ha Shirim puede verse el mismo concepto: “Yo soy para mi amado(a) como mi amado(a) es para mí”. Yo escogí. Mi pareja me escogió. El resto debería dejar de ser una opción: un ingeniero no puede ser abogado y pensar al mismo tiempo en trabajar como periodista. Sería muy difícil que se desarrollara profesionalmente. Si decidí pasar el resto de mi vida con alguien y ese alguien también estuvo de acuerdo y decidió pasar el resto de su vida conmigo, entonces, se acabó. No debería pensar también en coquetear con un(a) segundo(a) y pololear con un(a) tercero(a). Eso también es madurar.
Hay una relación directa entre el uso de redes sociales y las tasas de divorcio.
Vamos a la tecnología. Durante los tres últimos años hemos investigado las consecuencias sociales del uso de la tecnología, y todos nuestros estudios indican que hay una relación directa entre el uso de redes sociales y las tasas de divorcio. A diferencia de lo que informó la revista Times cuando cubrió una de nuestras investigaciones, nosotros estamos seguros que esta relación es causal: a mayor uso de redes sociales, menor es la percepción de calidad entre una pareja. La pregunta es obvia: ¿Por qué Facebook podría afectar la vida de una pareja? Y la respuesta es fuerte: porque abre puertas en vez de cerrarlas. Te conecta con un mundo ideal. Con perfiles maravillosos que muestran lo mejor en una realidad gobernada por selfies, en la que los usuarios escogen qué ángulo mostrar. Aparecen nuestras ex parejas, compañeros de la infancia, colegas con un perfil más casual, afloran los mejores recuerdos y nos sentimos jóvenes nuevamente. Cuando revisamos sus perfiles y vemos en qué están, comenzamos a abrir puertas en vez de cerrarlas. Nos conecta con lo que éramos antes de tomar la decisión. Facebook es un ticket a la fantasía del soltero(a).
En el mundo real nuestras parejas se levantan despeinadas, con mal hálito, van al baño, se enojan y no proyectan necesariamente su mejor cara. No veríamos “ese” perfil de Facebook. A nadie le interesa esa realidad. ¡Pero en Instagram… OMG! Es perfecto. Se puede ver la persona con la que se soñaba de adolescente. Todo se ve como antes. Y piensan que podría resultar. Y se imaginan. Y hablan. Y se intercambian fotos. Y podría funcionar. Porque los dos perfiles son perfectos. Y ambos quieren vivirlo. Quieren que esa sea la realidad. Increíble. Pero ahí, justo en ese momento, es cuando debe mirarse al lado. Y es ahí donde está la pareja. Y es lo que es. Uuuffff. Decepción.
No es fácil llevar una vida de pareja. ¿Para qué hacerla aún más difícil? Cada vez que vemos la última foto de nuestras ex parejas o compañero de la infancia nos ponemos una traba más. Cada vez que soñamos con esa fantasía, abrimos una nueva puerta en vez de cerrarla y hacemos que la persona que tenemos al lado pierda valor en nuestros ojos. Es obvio: los perfiles en las redes sociales son perfectos. Nuestras parejas no. Facebook e Instagram nos hacen ver el mundo como con esos lentes de colores de Purim que hacen que todo se vea más feliz. Y después, es difícil volver a ver con los mismos ojos la pareja actual.
Creo que llegó el momento de hacer un mea culpa. De reconocer que ver perfiles es un principio de infidelidad. Creo que llegó el momento que debemos dejar de ocupar nuestros ojos con perfiles ajenos que nos impiden ver a la persona que más nos quiere y ama. La que nos abraza y escucha. La que nos entiende. Cuidemos lo que tenemos. Cerremos puertas. Porque eso, desde un punto de vista profesional y social, también es madurar.

 Para finalizar, considere la exhortación de la Palabra de Dios en Salmos 5:18-20 “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña?
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Juan 6: 68-69

Juan 6: 68-69