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El ser humano entre Dios y el diablo.





Hay personas que dicen que el diablo no existe, y a otras que se les ha enseñado que no existe. No se si será ignorancia o parte de los artilugios del diablo para pasar desapercibido. El evangelio de hoy describe el encuentro cara a cara que tiene Jesús con el diablo, demonio o Satanás, como queramos llamarlo (Lc 4,1-13). Decir que el diablo no existe sería como decir que la mentira, el engaño, la mala intención o la doble intención de nuestros comportamientos y las cosas que se desprenden de todo esto, no existen. Sin embargo, sí existen, y por medio de ellas se evidencia lo demoníaco entre nosotros. Jesús para encontrarse con el diablo tuvo que pasar 40 días ‘en el desierto’, comenzó a sentir hambre, y ese parece ser uno de los momentos oportunos para la acción del diablo, momento en que lo humano comienza a enfocar su interés exclusivamente en ‘su necesidad’. Al tener hambre surge un interés que estará nublando todo lo que se ubique alrededor, momento aprovechado por el demonio para ofrecer satisfacción, una satisfacción que aísla un propósito, lo separa o aparta de cualquier otra cosa que haya alrededor, sean personas propósitos que pasan a quedar pendientes.

El diablo dice: ‘si eres el Hijo de Dios… convierte esta piedra en pan’ (Lc 4,3).; La tentación está en utilizar al poder -del lugar que se ocupa- para satisfacer propósitos que nublan y dejan aparte a otros/as, con sus propósitos también. Es decir que uno de los lugares especiales donde el demonio espera pacientemente el momento oportuno de actuar, es en los lugares de poder, por ello -mayormente- el poder es utilizado para satisfacer los propósitos de los que ocupan esos lugares, desoyendo y siendo indiferentes a los que ocupan otros lugares y a los otros propósitos que podrían ser tenidos en cuenta, pero que lo demoníaco lo impide: O se produce una alineación detrás de los propósitos de los que están en el poder, o surgen los enemigos que deben ser sacados del medio o destruidos. Jesús opta por concentrarse en que no está solo y que hay mucho alreded or suyo que espera ser tenido en cuenta: ‘el hombre no vive solamente de pan’ (Lc 4,4), o dicho de otra manera: de aquello que alimenta la indiferencia sobre las necesidades de los demás.


Otro momento oportuno es la sensación de seguridad que puede transmitir alguien que exige (muy sutilmente), una obediencia incondicional, y que a cambio ofrece protección y provee de ciertos privilegios que otros/as no podrán tener (Lc 4, 5-7). Lealtad, sumisión, negociados de acuerdos, de consensos y de participación; todo en torno al ejercicio de poder; la cuestión es que sigue quedando alrededor mucho por ser reconocido, escuchado, aceptado y tenido en cuenta. La respuesta de Jesús a estos ofrecimientos del diablo confirma que solo hay que tener lealtad y obediencia a Dios, y solo a él hay que serle fiel (Lc 4,8), y no a los ‘negociantes’ o autoridade s de turno que hacen un mal uso del poder.

También los espacios religiosos tienen ‘momentos oportunos’ en los cuales el diablo procura que se llegue a confiar en el poder por el poder mismo, y no como una oportunidad de servir a los demás. Estar en lo más alto de Templo (Lc 4,9), no refiere solamente a la distancia entre el suelo y el techo del edificio, también puede señalar una posición adquirida en medio de la comunidad. Al llegar a obtener esa posición, se abre un momento oportuno para el demonio, que intentará nublar la vista del que está en ese lugar y concentrarse únicamente en perpetuarse en el poder a costa de lo que fuera (aunque disimule muy bien ante los demás no querer hacerlo). Eso se ve en las ordenes o mandatos caprichosos que no miden el alcance de los daños ‘colaterales’, y solo terminan sirviendo para hacer alarde del lugar de poder que temporalmente se ocupa. Jesús afirma su posición de confiar en que el verdadero poder es de Dios, y no debemos abusar cuando tenemos el privilegio y la enorme responsabilidad de utilizarlo, tentar a Dios (Lc 4,12), es como hacer un mal uso del poder, o utilizarlo en contra de los fines que él desea.

Sin dudas el diablo existe, y nos hemos encontrado con él en frecuentes y distintas oportunidades, y nos hemos visto actuando, confabulando o decidiendo, cuando usamos, abusamos o no usamos el poder que estuvo a nuestro alcance. El poder es para utilizarlo acorde a los propósitos y voluntad de Dios, y no a los del ser humano que siempre está expuesto al momento oportuno del demonio.



Fabián Paré.

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