JESÚS Y SUS AMIGOS

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Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. (Juan 11: 5.)


Había un hogar que [Jesús] se deleitaba en visitar: la casa de Lázaro, María y Marta; porque en la atmósfera de fe y amor, su espíritu hallaba descanso.

Entre los más constantes discípulos de Cristo se contaba Lázaro de Betania. Desde la primera ocasión en que se encontraron, su fe en Cristo había sido fuerte; su amor por él, profundo, y el Salvador lo amaba mucho. En favor de Lázaro se realizó el mayor de los milagros de Cristo. El Salvador bendecía a todos los que buscaban su ayuda. Ama a toda la familia humana; pero está ligado con algunos de sus miembros por lazos peculiarmente tiernos. Su corazón estaba ligado con fuertes vínculos de afecto con la familia de Betania, y para un miembro de ella realizó su obra más maravillosa.

Jesús hallaba con frecuencia descanso en el hogar de Lázaro. El Salvador no tenía hogar propio; dependía de la hospitalidad de sus amigos y discípulos; y con frecuencia, cuando estaba cansado, sediento de compañía humana, le era grato refugiarse en este hogar apacible, lejos de las sospechas y los celos de los airados fariseos. Allí encontraba una sincera bienvenida, y amistad pura y santa. Allí podía hablar con sencillez y perfecta libertad, sabiendo que sus palabras serían comprendidas y atesoradas.

Nuestro Salvador apreciaba un hogar tranquilo y oyentes que manifestasen interés. Sentía anhelos de ternura, cortesía y afecto humanos. Los que recibían la instrucción celestial que él estaba siempre listo para impartir, eran grandemente bendecidos... Las multitudes eran duras de entendimiento, y en el hogar de Betania, Cristo hallaba descanso del pesado conflicto de la vida pública. Allí abría ante un auditorio apreciativo el libro de la providencia. En estas entrevistas privadas, revelaba a sus oyentes lo que no intentaba decir a la multitud heterogénea. No necesitaba hablar en parábolas a sus amigos.
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Juan 6: 68-69

Juan 6: 68-69