Desde el punto de vista del cristiano, el amor es poder. Este principio involucra fuerza intelectual y espiritual. El amor puro tiene especial eficacia para hacer el bien, y no puede hacer sino bien. Acaba con la discordia y la miseria y reporta la felicidad más genuina. La riqueza a menudo corrompe y destruye; la fuerza puede dañar; pero la verdad y la bondad son propiedades del amor puro.
Un hombre que está en paz con Dios y sus semejantes no puede sentirse miserable. La envidia no entrará en su corazón; las malas sospechas no hallarán cabida allí, ni podrá existir el odio. El corazón que está en armonía con Dios se eleva por encima de los disturbios y las pruebas de esta vida.
Lo que Satanás siembra en el alma: envidia, celos, sospechas, maledicencia, impaciencia y prejuicios, egoísmo, codicia y vanidad, debe ser desarraigado. Si se permite que esas cosas malas permanezcan en el alma, darán frutos que podrían corromper a muchos. ¡Ah, cuántos cultivan las plantas venenosas que matan los preciosos frutos del amor y mancillan el alma!
Solamente el amor que fluye del corazón de Cristo puede sanar. Sólo aquel en quien fluye ese amor, como la savia en el árbol, o la sangre en el cuerpo, puede restaurar al alma herida.
Los agentes del amor tienen poder maravilloso, porque son divinos. La respuesta suave que "aparta el enojo", el amor que "es sufrido y benigno"'; el amor que "cubre una multitud de pecados"; si aprendiéramos esta lección ¡de qué poder sanador serían dotadas nuestras vidas! La vida sería transformada y la tierra llegaría a ser la misma semejanza y el goce anticipado del cielo.
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